El rojo era su color.

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Ya no quedan canciones tristes que pueda interpretar como suyas.
Es una extraña en su propio mundo, en sus pensamientos,
ya no queda hueco para aquella que fue y ya no es.

Ya no es ella y por eso llora, y las lágrimas le caen en picado, de sus mejillas a sus rodillas.
Rodillas que ya no controla, y que la llevan a dondequieran, cuandoquieran.

Sus piernas de infarto ya no son lo que eran, ahora están llenas de cicatrices, igual que su interior.
Piernas que ya no controla, que se caen sin aviso previo, y que chocan contra el asfalto.

Le prometieron un mundo en el que el dolor no entraba, y resultó ser el único habitante a parte de ella.
Le engañaron al igual que le habían hecho antes, y eso no la sorprendió.
Tan sólo lloraba por lo que podría haber sido y no resultó.

Aunque eso no la detuvo, y siguió naufragando en islas solitarias, saliendo y tropezando contra olas más grandes que ella, cada cual peor que la anterior. Pero Dios, te juro que eso no la detuvo y continuó, siguió por ella, y al final lo alcanzó.

Aquel sueño se convirtió en realidad y ahora puede decirlo con seguridad, que puedes abrirte en canal a alguien, y no desangrarte, y es que el rojo le quedaba mejor a ella y por eso se abrió en canal para ella.

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