Inefable.

Ella era así, inefable. Como ese cigarro de después o como esas caricias de antes.
Fue una suerte que la encontrara.

Él estaba perdido sin ella, sin un rumbo fijo que marcar, sin un plan.
No creía en el destino ni las casualidades hasta que la conoció, y es que ella era así.

Él era humo que se desvanecia poco a poco sin siquiera darte cuenta. Se marchaba y aún olía a él.
Fue una suerte que ella le encontrara.

Ella estaba perdida sin él, vivía con miedo y rogando ayuda a un mundo de sordos.
Tampoco creía en el destino ni las casualidades, pero ellos pasaron y se encontraron.

Ella era vida, palabras llenas de vida que le hacían sentir vivo.
Él era fuego y lluvia, que la quemaban y apaciguaban al unísono.
Ellos eran el destino personificado, inercia de una vida que no termina.

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